Me pasó hace un par de semanas.

Mi teléfono móvil ya con seis añitos, decidió no arrancar. Al iniciarse se veía el logo de la marca SONY y de ahí no pasaba. Lo conecté al ordenador y comencé a investigar a ver si podía haber algún tipo de archivo corrupto. La verdad es que no encontré nada extraño, instalé un par de Cyanogenmod sin éxito y decidí no invertir más tiempo, le hice un borrado con pasadas a 0 y 1, extraje la tarjeta de memoria y la SIM y lo llevé a una tienda de reparación de teléfonos en la que trabaja un técnico con el que tengo confianza.

Mi sorpresa es que mi conocido lo había dejado, había traspasado la tienda a una cadena de reparación y venta de teléfonos y accesorios de cierto renombre. Valoré la posibilidad de volver a cacharrear con el teléfono, buscar otra distribución, otro kernel, pero me iba a llevar un tiempo que no tengo, así que le expliqué a la persona que me atendió cuál era mi problema y me respondió, sin pestañear, que esa misma tarde lo tendría arreglado. Me quedé sorprendido y pensando, tengo que actualizarme, no es posible que yo haya estado una tarde dándole vueltas al teléfono y se pueda recomponer en un par de horas. En fin.

El caso es que una vez visto por los técnicos que metían mano a los teléfonos, aquello no era tan fácil, dentro de haberme quedado sin móvil pensé, “bueno, la cosa no es tan sencilla, a ellos también les está costando“. Tras discutir un par de veces con el personal de tienda, la reparación se estaba alargando más de una semana, me dieron un teléfono móvil de sustitución. Y aquí comienza el meollo de la cuestión

Lo encendí y vi que el teléfono estaba en perfecto funcionamiento, vamos que parecía que hubiera estado conectado hasta ese mismo momento. Tenía varias apps instaladas, entre ellas el imprescindible whatsapp y albergaba conversaciones, una agenda cargadita, últimas llamadas realizadas, fotografías, el PNL de redes preferidas… Incluso el acceso a Drive con varios documentos de empresa.

La sorpresa fue gorda. Correos electrónicos y teléfonos con los que se puede buscar en google, google imágenes, en twitterfacebook… y a partir de ahí reconstruir todo el perfil del usuario, amigos, aficiones, fechas… Había de todo y todo al alcance de la mano: imágenes de niños, reuniones familiares…

No utilicé ninguna herramienta de recuperación de información, estaba todo a la vista. Lo ojeé, hice alguna captura de pantalla con la idea de redactar este artículo y lo restablecí a datos de fábrica para que desapareciera toda esa información.

Una recomendación que os hacemos a todos es que si necesitas reparar el teléfono, o dar de baja o se lo cedes a un familiar, tienes que ser estricto con la información que allí guardas.

Haz una copia de seguridad del terminal: fotos, archivos… quita la tarjeta de memoria externa (si es que la tienes), la SIM y por lo menos, realiza una tarea de Restablecer datos de fábrica. Dejamos un sencillo tutorial para que puedas ver cómo se puede hacer.

¡Ah, por cierto! Si alguien se preguntaba qué había sido de mi teléfono, sigue en reparación, ya va para la tercera semana.